¿Alguien dijo miedo?

Esta entrada pertenece al blog de Lolo y Vivi titulado "Sola no puedo, con amigos sí" y no tiene desperdicio. Sus autoras son Lolo Rico y Villar Arellano. Si pincháis sobre el nombre de la entrada accederéis a su blog.




Il. Michèle Lemieux (Editorial Lóguez)

Hay un cuento de los hermanos Grimm que ejemplifica la importancia del coraje y el ingenio para enfrentarse a los más temibles peligros: El sastrecillo valiente. El protagonista del cuento, cuyo principal acto “heroico” consistía en haber terminado con un puñado de moscas, consiguió vencer a poderosos enemigos gracias a su audacia y empuje. Y es que, en muchas ocasiones, ignorar el miedo y tomar conciencia del poder de la voluntad, ayuda a superar los más complejos retos que plantea la vida, incluso en circunstancias complicadas.

Crisis económica, recortes sociales, pérdida de derechos laborales… un panorama cada vez más oscuro se extiende a nuestro alrededor. Cada día otra vuelta más de tuerca, un nuevo apretón del engranaje: los bienes culturales desmantelados, el sistema educativo saqueado, la salud pública en constante amenaza…

Salir a la calle es un impulso ya casi cotidiano. Crece la indignación, las ganas de gritar ¡ya está bien! Nuestro mundo nunca fue perfecto pero ¡qué triste ver cómo se devalúa día a día! No nos resignamos.

Cuando miramos hacia atrás, hacia épocas pasadas, encontramos situaciones similares. La historia parece repetirse al margen de nuestra voluntad: los recortes conducen a la penuria, la penuria al caos y, tras el caos, sólo parece haber conflicto y dolor. Esa imagen nos ensombrece. No es para menos.

Y en el desconcierto, en el salto al vacío, va tomando cuerpo un creciente miedo: miedo a perderlo todo –los bienes y los derechos-, a decir lo que pensamos, a salirse de la fila y ser señalados, a un futuro incierto que amenaza nuestro pequeño mundo conquistado. Pero el miedo no es bueno. El temor paraliza, nos hace aún más vulnerables.

Son ellos los que inventaron el miedo: los mismos que ahora desmantelan, saquean y amenazan. Los que todavía tienen el poder. El miedo es parte de la estrategia, es su mejor arma. Con el recelo nos domestican, nos someten, nos silencian.

No hay que tener miedo. El futuro es una promesa, no una sombra peligrosa. Lejos de amedrentarnos, el duro panorama debe mantenernos alerta, movernos a cuestionar, resistir y levantar.

Debemos reinventar el mundo, olvidar lecciones baldías, experimentar nuevas fórmulas, soñar, debatir, reivindicar… Transigir con la propia imperfección –siempre que seamos capaces de ejercer la autocrítica-, pero no tolerar nunca el engaño, la corrupción ni los intereses fraudulentos, que son los que arrasan con los bienes comunes.

Tenemos que defender nuestro derecho a intentarlo, a caminar fuera del asfalto y a no asfaltar cada camino. A tropezar y a caer. A ser libres.

Este sistema no está hecho a nuestra escala, pero hay miles de voces disconformes en el mundo. Si aunamos esfuerzos, quizá sea posible provocar un cambio. No hay logros garantizados, sólo el seguro fracaso de la parálisis, la pereza o el desaliento.

Sólo juntos, llenando calles y canales, podremos hacerles frente, plantar cara a los que gobiernan y que, cada día, se apropian de los recursos y la ilusión de una mayoría. Es hora de moverse, de lanzarse a la aventura, como el sastrecillo del cuento. El temor y el desconcierto deben quedar para los corruptos, los verdaderos ogros. Ellos sí que tienen qué perder.

Si queréis leer sobre el miedo, además de los cuentos de los hermanos Grimm os recomendamos el ensayo El miedo en occidente, de Jean Delumeau (editorial Taurus).

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