c de cólico y Cuba



Cuando Cayetano Castor comió caldereta con cordero costroso, complaciole considerablemente. Cuando concluyó, cursó con cólico. Cariacontecido, consultó con Cornelia, curandera cubana.
—Cúrame, Cornelia, cúrame; comí cordero copiosamente.
—Cálmate, Cayo, ¿cuánto comiste?
—Cuatro, Cornelia, cuatro cazos con copete.
—¡Caramba! ¡Cuantísima cantidad! Casi cascas, carcamal. Come cardo castellano, cursarás con corrupción.
—¿Con cuánta cantidad comienzo?
—Con catorce cardos. Continuarás comiendo cuatro cada cuarto creciente. Cuando consigas cagar corriente, contente con cuaresma.
—Carajo Cornelia, con cuantísimo cardo cagaré corrosivo.
—¡Coño, Cayo, cagarás como cualquiera, con calzón caído!
—¿Curaré?
—Convencida, Cayetano.
—Cuánto conocimiento contienes, Cornelia. Cuando cure, compensaré con creces.
—Calla, calla, con cualquier caridad cumplirías.
—¿Cómo cuál?
—¿Conoces Cuba? ¡Cuánta carestía! Castro colecciona cromos. Con cada colección completa conseguiré cupones canjeables con comida cubana.
—Concreta, ¿cuáles, cromos?
—Carbajales, Cachús, Cossini, Carlos…
—¡Coño, Cornelia, cuatro cromos clave!
—Comprométete, Cayito, concédeme comer comida cubana.
—Cornelia, cruzaría contigo continentes comiendo cascarria. Compartamos casa, comida, cargas, cariño. Conoceré Cuba. Comeremos coco con congrí, carnero camagüeyano, carne criolla. Casémonos, cubanita, casémonos.
—(¡Caracoles, cuánto costó!) Claro, corazón, cuenta conmigo.

2 comentarios:

Concha G. Monedero dijo...

Magistral y enternecedor

Isabel Castaño dijo...

gracias, Concha, es una alegría que te haya gustado. Un abrazo