El agujero negro

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Los fabricantes de lavadoras deberían advertir del peligro que supone para las familias meter uno de estos artilugios en casa. En el momento que abrimos la puerta de casa para la instalación de estos rumiantes mecánicos, permitimos que tome posesión de nuestro hogar un agujero negro  y voraz que se alimenta de calcetines negros, rojos, verdes  o amarillos, de cuadros o de rayas pero siempre impares.
Al agujero negro de la lavadora le gusta dejar constancia de su voracidad, por eso siempre deja en el tambor la pareja del calcetín que se acaba de zampar. 
Hay quien asegura que las cloacas por donde discurren los desagües de la ciudad están llenas de plantíos de calcetines que tienen un familiar regusto a queso con tomates.

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