Medirnos la pichina


(Galardones literarios a la espera de escritor)


Microrrelatos, microtextos, minitextos, textos mínimos, textículos, minificción, microficción, minicuentos, microcuentos, cuasi cuentos, cuentitos, cuentos mínimos, cuento ultracorto, nanocuentos, hiperbreves, ultrabreves, relato bonsái, relato de bolsillo, relato pigmeo, minis...

Si por narices tengo que etiquetar lo que escribo (para evitar que otros me lo etiqueten a su gusto),  me quedo con Polen, de Novalis, que por lo menos es  hermosa y no se limita a la descripción del tamaño. Pero es una pena perder el tiempo en medirnos la pichina para ver quién la tiene más corta (o más larga). Es tonto calibrar el tamaño de lo escrito  para otorgarle la "categoría" de un nombre literario.  ¿Qué más da que quepa en un dedal o  haya que ampliar la balda de la estantería para colocarlo? Tampoco me importa si  transgrede o no transgrede géneros, si es o no proteico, si se ajusta a norma definida o esquema o tiene la famosa vuelta de tuerca al final. Si escribiéramos con la vista puesta en cumplir cada una de las premisas que difunden los "entendidos", lo más lejos que podríamos llegar es a dominar la técnica de la escritura (corta o larga, de trescientas palabras o trescientas páginas), pero nos quedaríamos en eso, en técnicos de la escritura.
Nada de eso me importa. Lo que me importa es jugar con las letras, las palabras, el lenguaje, su musicalidad, su ritmo, todo su potencial lúdico, que es inagotable. Me gusta desentrañar su sentido (qué bestia suena esto). Me gusta escribir, y cuando lo hago procuro que sea intenso y su intensidad esté bien dosificada; que cada palabra del texto sea absolutamente necesaria, ocupe su lugar exacto y esté perfectamente integrada en el conjunto; que procure la belleza (que también puede ser cruda, animal y descarnada); que me llene la cabeza de preguntas y trate de contestarlas, aunque no encuentre las respuestas; que cuente exactamente aquello que quiero contar, ni un poco más, ni un poco menos, pero deje  un resquicio por donde pueda colarse otra historia u otra pregunta.
A veces creo que lo consigo, otras no, pero escribo, juego, a veces sufro y siempre aprendo, y eso es lo que realmente me importa. Y si además llega hasta el lector y le gusta y lo enriquece con su mirada y con su opinión, eso me hace sentir feliz y aprendo de nuevo de ello. De modo que  llamadlo como queráis, pero todo lo que sigue está a vuestra disposición. Gracias por entrar en este pequeño espacio.

5 comentarios:

goab dijo...

Ya era hora de que este blog pintara a ti. Enhorabuena.

Isabel Castaño dijo...

Gracias, Goab. Pues sí, ya estaba yo un poco harta del tallaje y de tanta definición, tanta norma y tanta tontería.

Anónimo dijo...

Pasé un momento por aquí y se me enganchó el batín. No sé cuando podré salir pero antes me gustaría saber de tí.

Isabel Castaño dijo...

Bienvenid@. El costurero es esa caja que hay sobre el chinero. Mientras te lo coses hago café y tuesto el pan.

Anónimo dijo...

¡Pronto llego!