tap tap, tap tap, tap tap



(Imagen tomada de la web de Luis Flores Cornejo)

Confieso que estaba nervioso y no dejaba de pasearme por el aula. Era la primera vez que intentaba ganarme la vida contando mis historias. Les hablé de los días tan largos sin ver la tierra, de las tormentas marinas, del barco a la deriva, dibujé en el encerado la travesía, les mostré el colmillo del tiburón blanco y demostré la intensidad de su mordida. Pero, por más que me esforzaba en captar su atención, me parecía que no escuchaban mis palabras. Sólo estaban pendientes de mis pasos y miraban atentamente al suelo. De repente estallaron en risas. ¡Demonio de muchachos!, la punta de mi maldita pata  había acertado a encajarse, por fin, en el agujero de la tarima.

No hay comentarios: