trigo con yerbabuena



Vivieron disfrazados de gigantes con zancos y arpillera. Escucharon secretos a voces que iban desde un bote rumiento a otro, conectados por el cordel que los enredaba. Conocieron el sabor del pan mojado en el agua de las gallinas,  la mierda de oveja que tanto juego daba en las cocinitas, el chicle del trigo con yerbabuena, el culo de los chupamieles y los huevos crudos, el sabor a ubre de la leche recién ordeñada, el pan con nata fresca de las meriendas siempre iguales y el moco de las obleas y de los suyos propios.
Pero hoy apenas hablan y cuando nadie les vigila trepan hasta las veletas de los internados buscando un punto perdido en el mapa de su infancia.

© Imagen: Isabel Castaño

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me descubres otra infancia, otra forma de mirar y estar en el mundo.

vega san mateo dijo...

porqué será que me reconozco en esa infancia ¡ay, que tiempos aquellos tan fantásticos¡. Al menos nos queda lo mejor.. la memoria.

Isabel Castaño dijo...

Sí, nos queda la memoria y alguna que otra maña: a veces hago el amago de secarme la nariz con la manga y sonrío

vega san mateo dijo...

eso es porque todavía sigues conservando algo de tu niñez en tu manera de ser, afortunadamente, que no es "moco de pavo".

Isabel Castaño dijo...

Bendita niñez, pero también hay que ver qué jodíos son.
Mis padres tenían un amigo que, cuando alguien pregonaba lo riquísimos que son los niños, decía: "pues a mí no sólo no me gustan, es que incluso me dan asco"

Anónimo dijo...

jajajjjaja

vega san mateo dijo...

supongo que ese amigo no llegó a tener nunca niños... Aunque yo también conozco a una madre de familia numerosa que decía que no le gustaban los niños !pobre¡