cuarto creciente


Mi mujer me ha puesto el plato de sardinas sobre la silla. Aunque me empine, ya no tengo altura ni fuerza para llegar a la mesa. Siempre me hace sardinas, cree que me gustan tanto que no dejo ni las raspas. Pero hoy tampoco podré a comerlas. Tengo que escoger entre alimentarme o salvar el pellejo, porque en la mirada de mi gato observo que él también está ante un dilema.

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