rapaces y pardales

(a Raúl Vacas)

Miré por la ventana tratando de descubrir el parecido que la obsesionaba. La única semejanza que vi entre sus hijos y las aves era esa forma de correr con pies menudos y picotear en las zarzas y las bayas con el mismo instinto selectivo. Apenas ninguna diferencia con los niños de mi pueblo. Ella no paró de hablarme de sus hijos y de sus dificultades para gobernarlos, así que me ofrecí a ayudarla en su quehacer diario sin ser entendido en granjas, ni en aves, ni en niños.
Llevo apenas unos meses conviviendo con ellos. Hoy desde el atardecer nos falta el más pequeño. Y no aparece, por más que lo busco en los cables del tendido eléctrico o al abrigo de los nidales.

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