pájaros en la cabeza


La orden fue terminante: cuarentena absoluta y prohibición de salir del orfanato. Los niños afectados por unas extrañas viruelas como granos de alpiste pasarían al pabellón de las chimeneas, donde la temperatura era más cálida; el resto permanecería en el superior bajo vigilancia preventiva.
Cada noche, alguno de los niños de arriba, con la cara comida de la misma clase de viruelas, llamaba a la puerta de la improvisada enfermería:
-Los pájaros del tejado picotean mi cabeza, quieren entrar.
-Pasa, te hará bien el calor del rescoldo.
Pronto no quedó un solo niño en el pabellón superior. Pero tampoco en el de abajo. Cada día, la muerte entraba por la chimenea y volvía a salir poco después dejando tras de sí una estela de pardales en el cielo.

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