la golondrina

El niño entró en la barbería contando, con gran excitación, que una golondrina afilada había atravesado la tarde como una espada.
Mirando por el ventanal, con la lógica curiosidad que suscitó la noticia, los hombres que aguardaban su rasurado diario fueron testigos de cómo, en el centro de la plaza, una golondrina de pecho tostado rebanaba con su ala el cuello blanquísimo de la panadera.
El barbero, que había seguido el vuelo homicida mientras afeitaba al candidato a alcalde, contaría después en el cuartelillo que la panadera ofrecía con su cuello enharinado un blanco perfecto, y que la hermosura de esa parte del cuerpo fue la causa de que resbalara por descuido la cuchilla, con mal sesgo, por la garganta de su oponente. Ese dato y la coincidencia de que la golondrina, tras consumar su crimen, rozara con su ala ensangrentada el ventanal de la barbería fue lo que le inculpó. El pájaro, con el pincel de su ala, dibujó sobre el cristal unos extraños rasgos que semejaban trazos del alfabeto chino. El forense comprobaría después que esos mismos rasgos aparecían también reflejados en el peinador blanquísimo, manchado ahora con la sangre del candidato.

No hay comentarios: