ladinos

(Imagen: Cepp Selgas)

La saliva de gato es la más dulce que se conoce.
Los gatos callejeros están gordos de mamar a las madres instintivas, que no saben que son mamadas, porque el llanto del gato es triste como el de un niño abandonado y, ladino, lo utiliza para despertarles mientras duermen su instinto de nodrizas. Ellas, en cambio, están enjutas y con los ojos tristes de día de no saber qué les pasa de noche. Es fácil reconocerlas, porque su piel y sus pezones rezuman olor a miel por la saliva con que las rechupetean los gatos y todas llevan tras de sí una estela de abejas zumbonas y la mirada golosa de los hombres lamiéndoles su escote.

No hay comentarios: