de rapiña

La sorprendí en medio del botín: los pendientes de granate que un novio ya olvidado de la abuela le diera como palabra de casamiento. Los entresijos de un reloj y las agujas marcando un tiempo muerto. Un dedalillo de plata. Un fragmento del horrible espejo roto por un golpe de suerte siete años atrás. Y un cordón de oro que intentaba tragar en el momento de sorprenderla.
Así murió la urraca.

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