suerte contraria


“Agentes del Cuerpo Nacional de Policía detuvieron el pasado miércoles en Granada a un atracador escondido en el armario de una casa y vestido de gitana [...]. ” (El País / 12-VI-1993)

Mariano Caireles se calzó ante el espejo de su armario las medias rosas y las zapatillas negras. Comprobó la suela antideslizante. Se puso el escapulario de la Macarena y lo besó tres veces —siempre besos impares—. Admiró las proporciones de sus piernas y el aspecto de su taleguilla. Cogió la espada y acarició la punta y el filo, la puso a un lado. Abrió la puerta del armario. Abrió también los ojos de par en par y con un sorprendente quiebro empuñó la espada y la hundió en la cruz del montón de lunares que se le vino encima. El traje de faralaes se quedó tiritando en los brazos del diestro. Ese toro, con cara de hombre y los ojos más prometedores que habían acariciado jamás al Caireles, estaba tragándose la muerte.

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