mapa físico


Desde su celda tiró la colilla encendida al cauce del río mientras situaba en el mapa de su cabeza aquellos prados en pendiente vistos con los ojos de antaño. Y por la quemadura redonda y humeante de la cuenca de sus ojos comenzó a manar un llanto de heno líquido, bosta y manzanilla. No necesitaba seguir su rastro. Sabía que ese oloroso río desembocaba directamente en la mar.

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