zoom

(a Istvan Banyai)

Taumata Tafia observa la huella que dejan en la arena las cuatro patas y la cola de una tortuga que camina con fatiga hacia el agua. Intenta leer lo que escribe con su rastro y piensa en su madre, tan lejos de esa orilla. De ella aprendió a descifrar los signos. Le enseñó que se puede interferir en los sueños con sólo hacer un gesto cerca del que duerme, que la cresta de los gallos indica muerte si está encendida o que las gaviotas en los sueños traen siempre noticias de la madre. Taumata Tafia espera la barca del cartero. Sabe que hoy tendrá carta porque así se lo ha dicho el vuelo de papel de las gaviotas.

Lleva matasellos de Arizona. Taumata no abre la carta. Parece que le interesa más el sello. Lo mira detenidamente. Es de veintinueve céntimos de dólar. En él aparece un trocito de desierto; un desierto rojo, un cactus con cabeza y brazos, una caravana azul, un caballo de color blanco y café que pasta un matojo, una silla de montar sobre la arena, un látigo, una bolsa de cuero y un hombre.
El hombre está sentado sobre la arena con las piernas estiradas. Lleva el pelo negro recogido en una coleta, sombrero blanco, zahones y botas rojas con puntera de metal. Fuma en pipa y observa una televisión de pilas.
La televisión muestra la calle 35 oeste de California, a las doce y veinticinco de la mañana. Hay un autobús atravesado en la calle y empieza a formarse un atasco. En el lateral derecho del autobús hay un anuncio de la California Cruise Line y en él un transatlántico navega por un mar apacible.
A bordo del transatlántico hay gente disfrutando con la vista. Otros nadan en la piscina. Hay también un hombre que echa trozos de pan al agua, cerca de un adolescente que dormita en una tumbona. Taumata sabe que el chico soñará con gaviotas y se reunirá con su madre. Tiene una revista de juguetes en su regazo.
En la portada de la revista hay una joven que construye un poblado sobre una mesa de patas torneadas. Ha colocado la iglesia, el granero, tres cerdos que comen pienso de una artesa con patas, tres ocas, dos gallinas —una negra y otra roja—, un caballo percherón y un gato blanco muy delgado. También ha puesto un camión, dos coches, árboles y varias casas. En una de ellas, la que tiene el banco de madera en un costado, ha introducido un niño.
El niño está encaramado en un baúl y mira a través de una ventana abierta. Observa a un gallo colorado que está subido en una cerca. Tiene el cuello negro, las plumas de la cola verdes y los ojos amarillos de las gaviotas. El gallo mira al niño y Taumata Tafia se siente observado.
La mirada del gallo le anuncia que nunca volverá a soñar con gaviotas.
El niño se asusta y baja del cajón buscando a su madre.
Desde el suelo, sólo ve la cresta encendida del gallo.


©texto: Isabel Castaño
©ilustración: Istvan Banyai

2 comentarios:

Airon dijo...

Oh...una joya en el desierto, una relato bellísimo en su crueldad.
Airon

Isabel Castaño dijo...

Gracias de nuevo, Airon